Lágrimas negras surcan tu rostro
mientras clamas clemencia
por todos esos actos, esos juguetes que volviste rotos,
lloras asegurando la de tu alma inocencia.
Sollozos teñidos de falso dolor
surcan el aire, navegando a la deriva,
buscas un puerto que acoja tu clamor
sin darte cuenta de que a nadie eres asidua.
Tristes se muestran las comisuras
de esos labios, cosidos de muñeca de trapo,
tras la máscara rota que de porcelana vuelve tu negrura
grietas blancas enseñan a ojos atentos tu oculto levanto.
Por mucho que intentes hacer ver
esa coraza, creada a golpe de egoísmo,
cierras tu mente y los demás observan tu oscuro placer,
que disfrutas siendo la ama de este lugar gobernado por feudalismo.
Aquí se acaba tu reinado
de sangre invisible, heridas inventadas,
quizás ahora entiendas que es el fin de tu mundo creado
adiós para siempre digo, sonríes, sabes que en mí tus garras quedaron marcadas.
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