Falsos, hipócritas,
creen que el mundo
ante sus tuertas sonrisas rotas
se puede arrodillar.
Falsos, hipócritas,
ven en la sociedad
sólo dinero para mantas
que cubran su frialdad.
Falsos, hipócritas,
¡en ti quieren mandar!
Alza la voz y grita,
ello es tu libertad.
¡Falsos, hipócritas!
Vuestros rostros cubiertos
de mugre, pútrida suciedad.
¿Queríais dinero, placer,
que todo se pueda vender?
Tenlo, ¡cógelo de una vez!
A la cara os escupimos
vuestra profunda estupidez.
Falsos, hipócritas,
en los que nadie volverá a creer.
Ángeles, ángeles de piedra, que te engatusan con su idílica y perfecta belleza y te envuelven entre sus alas. Ángeles que te pierden en un lecho de plumas... Hasta que un día te despiertas y descubres que una a una han sido destrozadas por ese ser que tú creías real, que tú creías tuyo, para descubrir que en el fondo sólo es un ser inerte... un ángel de piedra.
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