Ángeles, ángeles de piedra, que te engatusan con su idílica y perfecta belleza y te envuelven entre sus alas. Ángeles que te pierden en un lecho de plumas... Hasta que un día te despiertas y descubres que una a una han sido destrozadas por ese ser que tú creías real, que tú creías tuyo, para descubrir que en el fondo sólo es un ser inerte... un ángel de piedra.
martes, 29 de mayo de 2012
Castillos en el aire
Una dolorosa sensación de hormigeo sacude mi cuerpo cada vez que cierro los ojos y me imagino tus labios acariciando los míos, en una danza cada vez más enérgica y vivaz. Lenguas de fuego recorren cada centímetro de mi piel: tus manos, fuertes, cálidas, poderosas. Euforia que hace estallar mi corazón dentro del pecho. Saca alas y vuela a tu lado, pues tuyo es y tuyo siempre será, como desde siempre fue. Dulces silencios que se intercalan con los aullidos de un lobo feroz, harto de corderos, deseoso de un cazador. Ah... Es tan bello... Bello y doloroso, de ninguna otra manera sino ésta hieren las puñaladas que la realidad asesta al castillo de los cielos en el que, entre mullidos almohadones de nube y lágrimas convertidas en cristal, me tumbo a tu lado.
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